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El hierro fija el oxígeno en los glóbulos rojos y lo transporta de los pulmones hacia los músculos. La menstruación y el deporte aumentan las pérdidas de este mineral. Normalmente, la alimentación no contiene bastante hierro y la carencia puede resultar peligrosa. ¿Qué sucede ante un déficit de hierro?

La carencia de hierro

En 2008, una investigación cifró la carencia de hierro en un grupo de militares. En el seno de los combatientes de sexo masculino, este problema se encontraba en un 5% de ellos. Entre los militares, esta preocupación alcanzaba al 30% del efectivo. Las mujeres de la misma unidad que trabajaban en despachos y se beneficiaban de una alimentación comparable tenían una carencia de hierro en un 27% de los casos.

Ser mujer aumenta claramente el riesgo de falta de hierro… y el deporte agrava la situación. De media, los estudios evalúan en un 20% la proporción de mujeres afectadas.

Carencia de hierro en las mujeres

El organismo elimina un poco de hierro cada día con la orina, las heces, el sudor y a veces las hemorragias. En las mujeres, por razón de la regla, las pérdidas medias son dos veces más altas. Esto explica que las mujeres sean seis veces más propensas a una carencia de hierro que los hombres.

¿Para qué sirve el hierro?

El hierro es indispensable para la salud y los rendimientos. Constituye un elemento central de la hemoglobina. Esta última está contenida en los glóbulos rojos y es lo que le da el color. Es el hierro el que capta el oxígeno cuando la sangre atraviesa los pulmones. Transporta este gas precioso hasta los músculos. Llegado a su destino, descarga su contenido, que es el que permite la combustión de sustancias energética y la contracción muscular.

Si la carencia de hierro es notable, provoca una falta de glóbulos rojos y los rendimientos se ven afectados. Para intentar compensarlo, la respiración se acelera y el corazón palpita más rápido. La persona se agota antes durante un ejercicio prolongado y la resistencia es menor. Con una frecuencia cardíaca máxima, se transporta menos oxígeno: la potencia se reduce. En el músculo encontramos una hermana gemela de la hemoglobina: la mioglobina.

Esta última contiene también mucho hierro, que fija un poco de oxígeno. Esta pequeña reserva local permite comenzar la contracción antes que la apertura de los vasos sanguíneos aporten el complemento necesario. En el seno de ciertas proteínas, el hierro actúa también como catalizador de reacciones químicas. Se dice que es un «cofactor enzimático». Interviene particularmente en la combustión de reservas energéticas.

Por esta razón, según algunos investigadores, la carencia de hierro estaría en el origen del cansancio antes de que aparezca una anemia. El hierro participa también en el funcionamiento celular de los glóbulos blancos implicados para combatir los microbios. En este contexto, se comprende por qué una insuficiencia de hierro favorece las infecciones.

El cansancio o el ritmo cardíaco acelerado son dos de los síntomas más notorios de la carencia de hierro. En caso de que te sientas mal, lo mejor que puedes hacer es consultar con tu médico: él te hará los análisis de sangre para comprobar la anemia y te recetará el suplemento más adecuado para tu problema.